La Iglesia que Veo

La Iglesia que veo es una Iglesia de influencia. Una Iglesia tan grande que ni la ciudad, ni la nación pueden ignorar. Una Iglesia que crece tan rápido que los edificios no pueden contener su crecimiento.

Veo una Iglesia cuya alabanza y adoración sincera toca el cielo y cambia el mundo; una adoración que influencia las alabanzas de las personas en toda la tierra exaltando a Cristo con canciones poderosas de fé y esperanza.

Veo una Iglesia cuyos altares están constantemente llenos de pecadores arrepentidos que responden al llamado de salvación de Cristo.

Sí, la Iglesia que veo es tan dependiente del Espíritu Santo que nada podrá pararla ni permanecer en contra de ella; una Iglesia llena de gente unida, que ora y está llena del Espíritu de Dios.

La Iglesia que veo tiene un mensaje tan claro que vidas son trasformadas para siempre y las personas alcanzan la plenitud de su potencial a través del poder de la Palabra de Dios; un mensaje que llega a los pueblos de la tierra a través de sus pantallas.

Veo una Iglesia con tanta compasión, que personas que viven situaciones imposibles son atraídas a un círculo de amor y esperanza donde encuentran respuestas y aceptación. Veo personas con la mente tan puesta en el Reino de Dios que están dispuestas a pagar el precio que sea necesario para ver avivamiento en este mundo.

La Iglesia que veo es una Iglesia comprometida a levantar, fortalecer e impulsar al liderazgo de esta generación, cuyos ministerios están consumidos con el propósito de recolectar la cosecha de los últimos tiempos.

Veo una Iglesia cuya cabeza es Jesús, cuya ayuda es el Espíritu Santo y cuyo enfoque es la Gran Comisión.

Sí, la Iglesia que veo somos tu y yo.

#TeApuntas?

Salmo 4

1 Responde a mi clamor,
Dios mío y defensor mío.
Dame alivio cuando esté angustiado,
apiádate de mí y escucha mi oración.
2 Y ustedes, señores,
¿hasta cuándo cambiarán mi gloria en vergüenza?
¿Hasta cuándo amarán ídolos vanos
e irán en pos de lo ilusorio?
3 Sepan que el Señor honra al que le es fiel;
el Señor me escucha cuando lo llamo.
4 Si se enojan, no pequen;
en la quietud del descanso nocturno
examínense el corazón.
5 Ofrezcan sacrificios de justicia
y confíen en el Señor.
6 Muchos son los que dicen:
«¿Quién puede mostrarnos algún bien?»
¡Haz, Señor, que sobre nosotros
brille la luz de tu rostro!
7 Tú has hecho que mi corazón rebose de alegría,
alegría mayor que la que tienen los que disfrutan de trigo y vino en abundancia.
8 En paz me acuesto y me duermo,
porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado.